Crónicas

El magangueleño que hizo historia en China

José Jiménez. Foto: Julio Castaño.
José Jiménez es un magangueleño que se consolida como boxeador. Contó cómo fue la pelea en China en la que ganó el título Interino de la FIB.
 
Por dos meses se preparó en su natal Magangué el pugilista José Antonio Jiménez para su pelea por el título mundial interino de peso paja de la Federación Internacional de Boxeo (FIB).
 
Sin embargo, apenas en el primer asalto contra el excampeón mundial Chao Zhong Xiong, ya estaba tendido en la lona del cuadrilátero del Diamond Stadium, en Beijin, China. 
 

El Carmen de Bolívar, ‘cosecha’ de talentos

En una zona céntrica de El Carmen de Bolívar está la Escuela de Música Lucho Bermúdez. Un epicentro cultural donde se entretejen, ‘cosechan’ y comienzan a florecer talentos artísticos de los Montes de María.

El Carmen de Bolívar renace

Arroyo Palenquillo.
¿Quién dijo que el dolor es para siempre? El sufrimiento y el poder pueden cegar a las personas y hacerlas creer que su suerte es incambiable, pero sin importar lo que pase el tiempo es lo único en la vida que no se detiene jamás. Cada día el sol brilla con intensidad sin importar la oscuridad de la noche anterior. Anónimo.
 
La Cansona, El Carmen de Bolívar, 17 de junio de 2016.
 

La alegría de un sanjuanero

San Juan Nepomuceno está lleno de gente alegre, amable y servicial. José Ubaldino Sierra, más conocido como Ubaldino, ‘el Indio’, fue una de estas personas. Esta es la historia de la partida de uno de los personajes que se esmeraba por mantener las tradiciones de su pueblo.

San Juan Nepomuceno, tierra de maestros

En la Normal Superior de los Montes de María se forman los maestros de esta subregión de nuestro departamento. Para los sanjuaneros es un orgullo tener esta institución en la que, además, cuatro docentes han sido galardonados con el Premio Compartir al Maestro.

Te enseño a hacer una hamaca...

En San Jacinto se crece devanando madejas, mientras del otro lado del patio, bajo un quiosco de palma, la abuela sube y baja hilos en un telar. Ese es su rincón de trabajo, escuchando el cacarear de las gallinas y topándose de vez en cuando con el gajo de “guineíto” manzano que siempre, por alguna razón, cuelga en toda la mitad.
La abuela pone la olla del café y manda a su nieto a comprar bolillos de sal, para que descanse de tanto devanar.

San Jacinto sabe a chocolate

Huele a lluvia. El camino hasta la finca se hace largo debido a los huecos en carretera destapada. Mientras el jeep anda, los viajeros nos contoneamos de un lado a otro, agarrándonos para no salir volando. A los lejos se ven las tonalidades en verde de las montañas y los árboles. De vez en cuando una rama entra de improvisto y nos hace agachar la cabeza.

Por la carretera van y vienen campesinos en sus burros, cargados de sacos. Viajamos desde San Jacinto hasta La Nasa, una finca a las afueras del pueblo, en el camino que comunica con la vereda Paraíso.

La Seño tiene las llaves del más allá

Uno. Sintió el olor del muerto cierta tarde, tan calurosa como casi todas las de Palenque. Olor, no hedor. No había nada pútrido en el perfume de aquel muchachito, tan amigo de su hijo, que mataron hace algunos años. “Era un amigo de mi hijo mayor. Ese pelao pasaba aquí, a veces dormía en esta casa y hasta se ponía la ropa de mi hijo, pero lo mataron y yo no quiero nada con muertos, no más los rezo”. Esa tarde, apenas sintió el aroma del difunto, La Seño lo insultó de todas las formas posibles. “Maco, estás jodío, te dejaste matar.

Kombilesa mi: así es Palenque

A sesenta y tres kilómetros de Cartagena se combina el sabor de los tambores con el sentido social del hip hop. Kombilesa mi, los dueños de esta mezcla de libertad.
 
Suena un coro resistente. Este canto lo respira la tierra amarilla, lo siente el alma negra, sale de los caminos quebrados por el arroyo de la libertad. Suena el coro de Kombilesa Mi: 
“Makuagro, makuagro, makuagro hip hop Palengue”.
 

Wilman, el compae de Chumbún

“El bullerengue es la cédula cultural de Maríalabaja”, dice con aire didáctico Wilman León Orozco.

Es un mulato alto y de voz contundente y sonora como un tambor de cueros y cuñas. Es, al mismo tiempo, el fundador y director de la escuela de danzas y música folclórica “Chumbún Galé Compae”, que lleva 19 años enseñando el bullerengue, ese baile y canto profundo –a veces hiriente- que los tatarabuelos de León Orozco inventaron para sobrellevar la pena de saberse bestias en el lenguaje reduccionista del colonizador europeo.

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