A sesenta y tres kilómetros de Cartagena se combina el sabor de los tambores con el sentido social del hip hop. Kombilesa mi, los dueños de esta mezcla de libertad.
 
Suena un coro resistente. Este canto lo respira la tierra amarilla, lo siente el alma negra, sale de los caminos quebrados por el arroyo de la libertad. Suena el coro de Kombilesa Mi: 
“Makuagro, makuagro, makuagro hip hop Palengue”.
 
Makuagro es una expresión en bantú (parte de la lengua palenquera) que significa “mi grupo”. El kuagro es la organización social más importante de Palenque, formada por personas de la misma edad que crean fuertes lazos de amistad y solidaridad.
Kombilesa mi (Mis amigos) lo forman nueve artistas, cinco instrumentos y un sueño: que el mundo conozca Palenque y su cultura. Combinan el hip hop con el sabor a cocada, alegría, caballito y enyucado. 
 
“En nuestras letras hablamos de nuestra cotidianidad, del papel importante que tiene la mujer en Palenque, de las comidas típicas. De pronto usted no sabe que nuestro pueblo recibió el premio de mejor libro de cocina a nivel mundial. Sí, un libro escrito en lengua palenquera y español que se ha traducido al inglés y el francés, se llama Kumina ri Palenge pa tó paraje, que traduce Cocina palenquera para el mundo; de eso contamos en nuestras canciones, de lo nuestro”, expresa Andri Padilla Julio, vocalista y líder del grupo. 
Kombilesa mi nació en 2001. Cuatro grupos de hip hop del pueblo se juntaron para fortalecer el rap en San Basilio y engrandecer las tradiciones musicales de Palenque y la lengua palenquera. “Por eso creamos un nuevo género musical que llamamos RFP, Rap Folclórico Palenquero”, comenta Andris, de nombre artístico Afro neto ri palengue represent.  
Están recorriendo ciudades y pueblos cantando su primer álbum, Así es Palenque. Viajan cantando rap encima del bullerengue. Lejos de guitarras y trompetas, viajan con la marímbula, los tambores, llamadores y maracas que ellos mismos hicieron enseñados por el maestro Rafael Cassiani Cassiani, del Sexteto Tabalá. Viajan diciéndole al mundo: ¡Palenque está vivo! Olvidado, pero vivo. 
 
Kombilesa en el Loyo
Son las once de la mañana. En Palenque hay solo dos barrios: Barrio Arriba y Barrio Abajo. El sol quema igual en ambos y “hoy brilla más que otros días”, dice uno de los músicos. 
Los de Kombilesa tienen una casa tan viva como ellos en Barrio Abajo, donde hay más tambores que sillas, más maracas que platos y más colores que tristezas; en este espacio de veinte metros por quince preparan sus sueños. Es la casa de todos, su centro de formación para la vida.
El visitante que llega deja su nombre y un mensaje en la pared. Les puse: “Kombilesa siempre pa’ lante con su sabor gigante”. 
Juntos decidimos recorrer el pueblo e ir tocando apartes de sus canciones. Parece una travesía loca con el solazo que nos acompaña pero lo hacemos, “por amorrrr a Palenque lo hacemos”, dice alguien. 
 
Caminamos hasta la plaza principal del pueblo. 
Algunos, sentados y otros de pie frente a unos troncos de bambús erigidos en la esquina de la plaza, tocan y el mundo se detiene. Palenque los mira y los aplaude. Tienen el sabor de la sangre negra y aunque su música no está hecha justamente para esto, sí dan ganas de bailar. 
La canción termina y Andri aclara que Kombilesa no hace música para bailar. “Hacemos música para aprender, para entender Palenque. El rap es el medio para expresar nuestros sentimientos, críticas, mensajes positivos, nuestra identidad”, explica.
Caminamos al arroyo, son diez minutos a pie desde la plaza principal. Antes de llegar al loyo, como ellos lo llaman en su lengua, cruzamos por el monumento a Antonio Cervantes Reyes «Kid Pambelé», saludamos a una joven vendedora de cocadas y llegamos al agua fresca. 
Está dividido. Tiene zonas de hombres, de mujeres y mixtas. 
En la zona de mujeres unas muchachas lavan la ropa con manducos en mano. En la zona de hombre, los ‘pelaos’ saltan cual Orlando Duque, desde una loma y caen en las profundas aguas. 
Ahí, en la mixta, Kombilesa canta frente al agua amarilla que corre por el riachuelo, en un paisaje arropado de árboles y piedras, aquel donde fueron a dar en 1600 los esclavos cimarrones, con su líder Benkos Biohó, el caudillo que descubrió este paraíso después de huir semanas desde Cartagena. 
Kombilesa mi compone y canta de aquel primer pueblo libre de América. 
 
Palenque es para ellos...
Una comunidad de negros y negras que ha fortalecido su identidad con base en la descendencia africana. Conservamos nuestra lengua desde hace más de 400 años, superando todos los riesgos. Es un pueblo que lucha y se resiste a perder su origen. En esta tierra todos nos conocemos, trabajamos juntos por mantenerla, por preservar el Patrimonio, por ser todos un mismo pueblo. 
 
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